Cantabria y la polémica del calendario escolar

Cantabria ha provocado una pequeña revolución en el ámbito educativo. Su nuevo calendario escolar está dando mucho que hablar, mucho. Y eso que en España da la impresión de que lo que más importa no es la educación. Pero el cambio es significativo: de tres trimestres a cinco bimestres con una semana de vacaciones entre ellos y un parón estival algo más corto.

No es un calendario descabellado, al fin y al cabo es similar al que funciona en otros países europeos. Es más, cualquier padre al que se le pregunte dirá que los niños tienen demasiadas vacaciones en verano. Entonces ¿dónde está el problema? Realmente en varios aspectos. El primero, y el que más preocupa los padres es el de la conciliación de la vida familiar y laboral, eso de lo que tanto se habla pero que realmente o existe. ¿Qué hacer con los pequeños esa semana entre bimestres? Si a veces ya es complicado “colocar” a los niños un simple día no lectivo, como para hacerlo una semana completa.

En el sur ponen una traba bien distinta: si en mayo el calor ya es insoportable y apenas se puede rendir ¿Cómo lo van a hacer en julio? El clima, por lo tanto, se muestra como un problema a tener en cuenta.

¿Pero y lo que realmente importa? Es decir, la educación. Autoridades educativas cántabras y sindicatos señalan que el calendario propuesto racionaliza los periodos lectivos, de modo que las evaluaciones se acortan y los periodos se equilibran. Algo que, indican, beneficiará, sobre todo a los pequeños. Y no se reduce el número de días lectivos, como pueda parecer, simplemente se distribuyen de otra manera.

Sea como sea, la polémica está servida, con defensores y detractores, con razones a favor y en contra más o menos razonables y con un problema de fondo que nadie puede negar: las dificultades que tienen muchos padres para buscar alguien que cuide a sus hijos durante esos días en lo que no hay colegio, ni campamentos, ni ludotecas, ni abuelos que estén de vacaciones y puedan hacerse cargo de ellos.