El acoso de las llamadas comerciales

Llaman al teléfono, unas veces de casa y otras al móvil, descuelgas y te encuentras con la voz no siempre amable de un comercial que te quiere vender agua embotellada. Cuelgas, y al poco tiempo el teléfono vuelve a sonar. Esta vez es una compañía de seguros que te hace unas ofertas fantásticas si cambias el seguro de tu coche, el de casa o te haces uno de vida que realmente es todo lo contrario, de decesos.

A veces, cansado, cortas la conversación asegurando que no te interesa y el operador de turno te da las gracias y se despide. Pero otras no es así e insiste e insiste hasta que acabas cayendo en la falta de educación y cuelgas. Y, si eres de los menos afortunados, recibirás una llamada tras otra de la misma empresa. Y en este sentido las operadoras telefónicas se llevan la palma, según informes del Ministerio de Industria, de acuerdo al número de quejas presentadas por los usuarios.

El gran problema es que casi nunca el pobre usuario sabe qué hacer para que dejen de atosigarlo, y eso que existe una ley destinada aponer un cierto límite. La Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios estableció no hace mucho algunos límites: se prohíben las llamadas comerciales entre las 9 de la noche y las 9 de la mañana, así como festivos y fines de semana, y el número que llama debe ser identificable por el usuario ¿Se cumple? Evidentemente, no.

Otro incumplimiento: se supone que en la primera llamada se debe informar sobre el derecho a no recibir más llamadas. Pero el spam telefónico se sigue produciendo sin ningún tipo de límite ni castigo a quien lo realiza.

¿Qué hacer? Denunciar, siempre, cualquier abuso y remitir la queja a la Agencia Española de Protección de Datos, que es quien debe perseguir este tipo de prácticas ilegales. Una queja tal vez no hará mucho, miles, seguramente para algo sí servirán.