La historia del Hotel Palace está unida a la historia de Madrid

La historia del Hotel Palace corre paralela a la de la ciudad de Madrid. Sus años de mayor esplendor coinciden con los del auge de la capital como destino predilecto de la realeza y la alta burguesía europea.

Aupado por el rey Alfonso XIII, quien acusó la limitada oferta de establecimientos hoteleros de prestigio en la capital, el Palace inició sus obras el 9 de julio de 1911 con la instalación de su primera piedra.

A lo largo de los siguientes catorces meses la edificación sorteó dificultades diversas, que concluyeron el 12 de septiembre de 1912. Apenas pocos días después y antes de haber sido formalmente inaugurado, el hotel recibió a su primer huésped. Fue un ciudadano belga llamado Leopold Ghende, amigo del fundador del hotel, George Marquet, empresario dedicado a la hostelería de lujo en la primera mitad del siglo XX.

El 12 de octubre de ese año se dio inicio a la operación del hotel. La gala inaugural contó con la presencia del primer ministro José Canalejas, pero el rey Alfonso XII no pudo asistir, pues se encontraba de duelo por la muerte de la infanta María Teresa. El acto no se vio desmerecido por su ausencia, pues fue amenizado por la Orquesta Sinfónica de Madrid y la cantante Elvira Hidalgo. Las instalaciones del Palace se desbordaron con lo más selecto de la población madrileña.

Pero entremos en el detalle de lo que hacía al Palace tan especial. Sin lugar a dudas su ubicación privilegiada era un punto a favor. Levantado en el solar que antes ocupaba el Palacio de Medinaceli, el hotel se emplaza en la carrera de San Jerónimo, con fachadas hacia la plaza de Cánovas del Castillo, plaza de las Cortes y calle del Duque de Medinaceli.

En la actualidad está en el centro neurágico de Madrid, cerca del Palacio de las Cortes, el edificio de la Bolsa, la Puerta del Sol y el museo del Prado.

Si prestamos atención a su estructura, que a pesar de los años aún resulta imponente, destaca el uso del hormigón armado, material muy novedoso para la época. Para levantar la edificación fue necesario emplear un contingente de ingenieros especialistas y obreros. No en vano el hotel contaba con ascensores, servicios sanitarios y teléfono en cada habitación. Prestaciones muy poco frecuentes en esos años. Sólo para acometer los trabajos de tuberías y conducciones de agua caliente fue preciso traer una brigada de fontaneros desde Inglaterra.

Sus mejores años coincidieron con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Dada la neutralidad de España en el conflicto bélico, Madrid se convirtió en el asilo de la sociedad europea exiliada por la guerra. Esto le valió al hotel Palace el apelativo de “ultimo refugio de la civilización”.

Un rol similar asumió durante la Segunda Guerra Mundial, erigiéndose además como el centro de operaciones de negocios de Europa. En los años siguientes albergó a las más rutilantes estrellas de cine, toreros e intelectuales.

En años recientes ha acompañado acontecimientos históricos de gran relevancia para el país. Es así como en 1981, durante el intento de golpe de Estado del 23 de febrero, acogió a los medios de comunicación que cubrían el suceso, así como a los subsecretarios del Gobierno y mandos militares. Un año más tarde, Felipe González y Alfonso Guerra se asomaban a uno de sus balcones, tras conocerse los resultados de las elecciones generales anticipadas que dieron el triunfo al líder de los socialistas.