Madrid más allá de la capital

Gran parte de quienes visitan Madrid lo hacen para recorrer las calles, museos y monumentos de la capital. Es una ciudad maravillosa, animada, llena de rincones únicos, es cierto. Pero más allá de la gran urbe hay lugares magníficos que a veces, lamentablemente, se pasan por alto.

No nos referimos a Aranjuez, con su romántico palacio y sus increíbles jardines. Tampoco al imponente y austero monasterio de El Escorial. Ni a la cuna de Miguel de Cervantes, Alcalá de Henares. Todos son también destinos turísticos de primera magnitud en la comunidad autónoma madrileña. Nos referimos a otros pueblos y espacios naturales de enorme belleza, aunque mucho más modestos.

Comenzamos por Chinchón, con su Plaza Mayor de balcones de madera y forma irregular, vigilada por la bonita iglesia de la Asunción, que en su interior guarda un cuadro de Goya. Y a muy pocos kilómetros otra joya desconocida: Colmenar de Oreja, también con una bonita plaza, una iglesia con una curiosa historia y el museo de un pintor local, Ulpiano Checa, que emociona a quienes lo visitan.

Del sur al norte, a Buitrago de Lozoya, con su magnífica fortaleza construida en un meandro del río. Haremos también parada en un pueblo pequeño y semiescondido en la sierra, pero encantador, un pueblo de casas de piedra y pizarra: Patones.

Y moviéndonos hacia el oeste, llegamos a Manzanares el Real, con un precioso castillo, magníficamente conservado y que mira hacia uno de los tesoros naturales de la comunidad: la sierra del Guadarrama. Entre los paseos imprescindibles en esta zona está La Pedriza.

Cruzamos de nuevo la comunidad para dirigirnos al este, a Nuevo Baztán, un peculiar pueblo cuyo casco histórico tiene apenas 300 años, pero que es un magnífico ejemplo de urbanismo barroco.

Son esas otras joyas de Madrid injustamente poco conocidas, esos lugares que solo se visitan en última instancia, pero que merecen ser mucho más populares por su historia, su belleza y su encanto.